Aun así, el valor más indudable y la disciplina más rigurosa a menudo serán impotentes para remediar un gran desorden, el cual podría evitarse en gran medida mediante el uso de señales de reagrupamiento para las diferentes divisiones.
Hay, es verdad, casos en que todos los recursos humanos son insuficientes para el mantenimiento del orden, como cuando los sufrimientos físicos de los soldados han sido tan grandes como para hacerles sordos a todas las súplicas, y cuando sus oficiales se encuentran en la imposibilidad de hacer nada para organizarlos; lo cual ocurrió en la retirada de 1812.
Dejando de lado estos casos excepcionales, los buenos hábitos de orden, las buenas precauciones logísticas para el reagrupamiento y la buena disciplina tendrán éxito la mayoría de las veces, si no para prevenir el desorden, al menos para remediarlo con prontitud.
Llega el momento de abandonar esta rama, de la cual solo he querido trazar un esbozo, y de pasar al examen de asuntos que son puramente militares.
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