Ninguna caballería penetrará donde no puedan hacerlo lanceros o coraceros al trote. Solo cuando la infantería está muy desorganizada, o su fuego se mantiene deficientemente, hay alguna ventaja en el galope impetuoso sobre el trote firme. Para romper buenos cuadros se requieren cañones y lanceros, o, mucho mejor aún, coraceros armados con lanzas. Para las cargas en orden disperso no hay mejores modelos a imitar que los turcos y los cosacos.
Sea cual fuere el método que se adopte para la carga, una de las mejores maneras de emplear la caballería es arrojar oportunamente varios escuadrones sobre los flancos de la línea de un enemigo que también sea atacado de frente.
Para que esta maniobra tenga completo éxito, especialmente en las cargas de caballería contra caballería, debe realizarse en el preciso momento en que las líneas entran en colisión; pues un minuto antes o después su efecto puede perderse.
Es de suma importancia, por tanto, que un comandante de caballería posea una vista aguda, buen juicio y la cabeza fría.
Se ha discutido mucho sobre el modo adecuado de armar y organizar a la caballería.
La lanza es el mejor arma con fines ofensivos cuando un cuerpo de jinetes carga en línea; pues les permite golpear a un enemigo que no puede alcanzarlos; pero es una muy buena idea contar con una segunda fila o una reserva armada con sables, que se manejan con más facilidad en el combate cuerpo a cuerpo cuando las filas se rompen.
Quizá sería aún mejor respaldar una carga de lanceros con un destacamento de húsares, que puedan continuar la carga, penetrar en la línea enemiga y consumar la victoria.