9 Los principales acontecimientos de las guerras modernas demuestran la verdad de otras dos máximas. La primera es que dos ejércitos que operan en líneas interiores y se apoyan recíprocamente, y que se oponen a dos ejércitos superiores en número, no deben permitirse ser apretados en un espacio demasiado reducido, donde el conjunto pueda ser arrollado de una sola vez. Esto le sucedió a Napoleón en Leipzig.7 La segunda es que no se debe abusar de las líneas interiores extendiéndolas demasiado, dando así al enemigo la oportunidad de vencer al cuerpo de observación. Este riesgo, sin embargo, puede correrse si el fin perseguido por las fuerzas principales es tan decisivo como para concluir la guerra, momento en el cual la suerte de estos cuerpos secundarios se contemplaría con relativa indiferencia.
- Por la misma razón, dos líneas convergentes son más ventajosas que dos divergentes. Las primeras se conforman mejor a los principios de la estrategia y poseen la ventaja de cubrir las líneas de comunicación y suministro; pero, para estar libres de peligro, deben disponerse de tal modo que los ejércitos que transiten por ellas no queden expuestos por separado a las masas combinadas del enemigo antes de poder efectuar su unión.
- Las líneas divergentes, sin embargo, pueden ser ventajosas cuando el centro del enemigo ha sido roto y sus fuerzas separadas ya sea por una batalla o por un movimiento estratégico, en cuyo caso las operaciones divergentes aumentarían la dispersión del enemigo. Tales líneas divergentes serían interiores, ya que los perseguidores podrían concentrarse con mayor facilidad que los perseguidos.