en que Davoust estaba a punto de ser cercado y su ejército, partido en dos o dispersado por una masa de ciento ochenta mil enemigos. Sabemos cuán maravillosamente logró Napoleón reagrupar a su ejército y qué victorias obtuvo en los gloriosos días de Abensberg, Siegberg, Landshut, Eckmühl y Ratisbona, las cuales enmendaron los errores cometidos por su jefe de estado mayor con su despreciable logística.
Terminaremos estas ilustraciones con una reseña de los acontecimientos que precedieron y fueron simultáneos al paso del Danubio antes de la batalla de Wagram.
Las medidas tomadas para reunir en un punto determinado de la isla de Lobau al cuerpo del virrey de Italia procedente de Hungría, el de Marmont procedente de Estiria y el de Bernadotte procedente de Linz, son menos admirables que el famoso decreto imperial de treinta y tres artículos que regulaba los pormenores del paso y la formación de las tropas en las llanuras de Enzersdorf, en presencia de ciento cuarenta mil austriacos y quinientos cañones, como si la operación hubiera sido una fête militar.
Todas estas masas se encontraban congregadas en la isla en la noche del 4 de julio; tres puentes fueron lanzados inmediatamente sobre un brazo del Danubio de ciento cincuenta yardas de ancho, en una noche muy oscura y en medio de torrentes de lluvia; ciento cincuenta mil hombres cruzaron los puentes, en presencia de un enemigo formidable, y se formaron antes del mediodía en la llanura, a tres millas de distancia de los puentes, los cuales cubrieron mediante un cambio de frente; habiéndose llevado a cabo el conjunto en menos tiempo del que se habría supuesto necesario de tratarse de una simple maniobra de instrucción y tras haber sido repetida varias veces.
Es verdad que el enemigo había decidido no ofrecer una oposición seria al paso; pero Napoleón ignoraba este hecho, y el mérito de sus disposiciones no disminuye en absoluto por ello.