Este asunto es tan extenso y tan complicado que resultaría absurdo pretender reducirlo a unas pocas reglas. La única que puede darse acaba de ser mencionada, y es que los objetivos políticos deben seleccionarse según los principios de la estrategia, o bien su consideración debe posponerse hasta después de los acontecimientos decisivos de la campaña.
Aplicando esta regla a los ejemplos recién dados, se verá que fue en Cambrai o en el corazón de Francia donde debió conquistarse Dunkerque en 1793 y liberarse Holanda en 1799; en otras palabras, uniendo todas las fuerzas de los aliados para grandes acometidas en los puntos decisivos de las fronteras.
Las expediciones de este tipo suelen incluirse entre las grandes diversiones, de las que se tratará en un artículo separado.