- Lanzar mediante movimientos estratégicos la masa de un ejército, sucesivamente, sobre los puntos decisivos de un teatro de guerra, y también sobre las comunicaciones del enemigo tanto como sea posible sin comprometer las propias.
- Maniobrar para empeñar fracciones del ejército enemigo con el grueso de las propias fuerzas.
- En el campo de batalla, arrojar la masa de las fuerzas sobre el punto decisivo, o sobre aquella porción de la línea enemiga cuya destrucción sea de la máxima importancia.
- Disponer las cosas de tal modo que estas masas no sólo sean lanzadas sobre el punto decisivo, sino que entren en combate en los momentos oportunos y con energía.
Este principio posee demasiada simplicidad como para escapar a la crítica: una objeción es que resulta fácil recomendar que se lancen