- En caso de sitio, ordenar y supervisar el empleo de las tropas en las trincheras, haciendo los arreglos con los jefes de artillería e ingenieros en cuanto a las labores que debían desempeñar dichas tropas y en cuanto a su manejo en las salidas y asaltos.
- En las retiradas, tomar medidas de precaución para preservar el orden; destacar tropas de refresco para apoyar y relevar a la retaguardia; hacer que oficiales inteligentes examinen y seleccionen posiciones donde la retaguardia pueda detenerse ventajosamente, trabar combate con el enemigo, contener su persecución y ganar así tiempo; tomar disposiciones previas para el movimiento de los trenes, de modo que nada quede atrás y que avancen en el más perfecto orden, tomando todas las precauciones adecuadas para garantizar la seguridad.
- En los acantonamientos, asignar posiciones a los diferentes cuerpos; indicar a cada división principal del ejército un lugar de reunión en caso de alarma; tomar medidas para velar por que todas las órdenes, instrucciones y reglamentos se observen implícitamente.
Un examen de esta larga lista —que fácilmente podría hacerse mucho mayor si se entrara en mayores detalles— llevará a todo lector a observar que estos son deberes más bien del general en jefe que de los oficiales del estado mayor. Esta verdad la anuncié hace algún tiempo; y es con el único propósito de permitir que el general en jefe entregue toda su atención a la dirección suprema de las operaciones por lo que se le debe dotar de oficiales de estado mayor competentes para relevarle de los detalles de ejecución.