aquel para quien incluso el honor es algo pequeño, lo serán también para él todas las demás cosas; y esta es la razón por la cual se cree que tales hombres son altivos.
Parece también que los golpes de buena fortuna contribuyen a formar este carácter magnánimo: me refiero a que los de noble cuna, o los hombres influyentes, o los ricos, se considera que tienen derecho al honor, pues se encuentran en una posición de eminencia y cualquier cosa que sea eminente por el bien tiene más derecho al honor; y por esto tales circunstancias inclinan a los hombres más bien a la Magnanimidad, porque reciben honor de manos de algunos.
Ahora bien, real y verdaderamente el hombre bueno es el único que es digno de honor; solo si un hombre une en sí mismo la bondad con estas ventajas externas, se considera que es más digno de honor: pero aquellos que las poseen sin tener además la virtud no están justificados en la alta estimación que tienen de sí mismos, ni son llamados con justicia Magnánimos; puesto que la virtud perfecta es una de las condiciones indispensables para semejante carácter.