Pues bien, que esa imperfección del autocontrol no es viciosidad confirmada es evidente; y, sin embargo, tal vez lo sea en cierto modo, porque en un sentido es contraria a la elección moral y en otro es resultado de ella:199 en todo caso, respecto a las acciones, el asunto es muy parecido a lo que Demódoco dijo de los milesios: «Los milesios no son tontos, pero hacen precisamente las cosas que hacen los tontos»; y así, los de imperfecto autocontrol no son injustos, pero cometen actos injustos.
Pero volviendo al tema. Puesto que el hombre con un dominio de sí mismo imperfecto es de tal índole que sigue los placeres corporales en exceso y desafiando a la recta razón, sin actuar por ninguna convicción deliberada, mientras que el hombre totalmente carente de dominio propio sí actúa por una convicción que descansa en su inclinación natural a ir en pos de estos placeres; el primero puede ser persuadido fácilmente a seguir un rumbo diferente, pero el segundo no: porque la virtud y el vicio preservan y corrompen, respectivamente, el principio moral; ahora bien, el motivo es el principio o punto de partida en las acciones morales, al igual que los axiomas y postulados lo son en las matemáticas: y ni en la moral ni en las matemáticas es la razón la que tiende a enseñar el principio; sino la excelencia, ya sea natural o adquirida por la costumbre, en el mantenimiento de las nociones correctas respecto al principio. Quien hace esto en la moral es el hombre de perfecta templanza, y el carácter contrario es el hombre totalmente carente de dominio propio.
Nuevamente, hay un personaje propenso a dejarse arrastrar, desafiando a la Recta Razón, a causa de la pasión; a quien la pasión domina hasta el punto de impedirle actuar de acuerdo con la Recta Razón, pero no tanto como para hacerle estar convencido de que su proceder adecuado es ir tras tales placeres sin límite: este personaje es el hombre de imperfecto autocontrol, mejor que aquel que carece por completo de él, y no un hombre malo de manera simple y sin reservas: porque en él se preserva la