estado de término medio, porque hay algunos cuyos nombres implican ya la maldad, como la malevolencia, la desvergüenza, la envidia; o, para citar acciones, el adulterio, el robo, el homicidio; pues todos estos y los semejantes son censurados porque son malos en sí mismos, y no por consistir en un exceso o en un defecto de ellos.
En estos, pues, nunca se puede actuar correctamente, sino que siempre se yerra; ni en tales cosas lo correcto o lo incorrecto depende de la elección de una persona, un tiempo o un modo adecuados (tómese el adulterio, por ejemplo), sino que el mero hecho de cometer cualquiera de esas acciones constituye ya una equivocación.
Bien podríais exigir que se determinara un estado intermedio, un exceso y un defecto respecto de obrar injustamente, ser cobarde o perder todo control de las pasiones: pues a este paso habrá del exceso y del defecto un estado intermedio; del exceso, exceso; y del defecto, defecto.