la palabra griega que suele traducirse como «razón» significa en casi todos los casos en la Ética dicha regla, y no la facultad que las capta, formula o considera).
Las «virtudes y vicios morales» componen lo que llamamos carácter, y surgen las preguntas importantes: (1) ¿Qué es el carácter? y (2) ¿Cómo se forma? (pues el carácter en este sentido no es una dote natural; se forma o produce). Aristóteles aborda estas cuestiones en orden inverso. Sus respuestas son peculiares y distintivas —no porque sean absolutamente novedosas (pues están anticipadas en Platón), sino porque por él son por primera vez formuladas de manera nítida y clara.
(1.) El carácter, bueno o malo, es producido por lo que Aristóteles llama «habituación», es decir, es el resultado de la realización repetida de actos que poseen una cualidad similar o común. Dicha repetición, al actuar sobre las aptitudes o propensiones naturales, las fija gradualmente en una u otra de dos direcciones opuestas, dándoles una inclinación hacia el bien o hacia el mal. De ahí que los diversos actos que determinan la bondad o maldad del carácter deban realizarse de cierta manera, y por tanto la formación del buen carácter requiere disciplina y dirección desde el exterior. No es que el agente mismo no contribuya en nada a la formación de su carácter, sino que al principio necesita guía. El punto no es tanto que el proceso no pueda dejarse confiadamente a la Naturaleza, sino que no puede encomendarse a una instrucción meramente intelectual. El proceso es uno de asimilación, en gran medida por imitación y bajo dirección y control. El resultado es una comprensión creciente de lo que se hace, una elección de ello por amor al acto mismo, una fijeza y firmeza de propósito.