intelectual; al menos, esto es materia de experiencia y observación reales: que así como un cuerpo fuerte desprovisto de vista debe, si se pone en movimiento, caer violentamente por carecer de vista, así ocurre también en el caso que estamos considerando; pero si llega a obtener el elemento intelectual, entonces sobresale en su actuación. Del mismo modo, el Estado Natural de la Virtud, al ser como este cuerpo fuerte, será entonces Virtud en el sentido más alto cuando también esté combinado con el elemento intelectual.
De suerte que, así como en el caso de la facultad opinativa hay dos formas, la agudeza y la prudencia; también en el caso de la moral hay dos, la virtud natural y la desarrollada; y de estas últimas no puede formarse la segunda sin la prudencia.181
Esto lleva a algunos a decir que todas las Virtudes son meramente Sabiduría Práctica intelectual, y que Sócrates estuvo en parte en lo cierto en su indagación y en parte equivocado: equivocado al pensar que todas las Virtudes eran meramente Sabiduría Práctica intelectual, y en lo cierto al decir que no eran independientes de dicha facultad.
Prueba de lo cual es que ahora todos, al definir la Virtud, añaden el «estado» [mencionando también a qué norma se refiere, a saber,] «que es conforme a la Recta Razón»: ahora bien, «recta» significa de acuerdo con la Prudencia.
Así pues, todos parecen tener la noción instintiva de que el estado que está de acuerdo con la Prudencia es la Virtud; sin embargo, debemos hacer un ligero cambio en su afirmación, porque tal estado es la Virtud, no meramente el que está de acuerdo con la Recta Razón, sino el que implica su posesión; la cual, en tales asuntos, es la Prudencia.
La diferencia entre nosotros y Sócrates es esta: él pensaba que las Virtudes eran procesos de razonamiento (es decir, que eran todas instancias del Conocimiento en su sentido estricto), pero nosotros decimos que implican la posesión de la Razón.