Roderigo
No puede ser.
Iago
No es más que un deseo de la sangre y un permiso de la voluntad. Vamos, sé un hombre. ¡Ahógate! ahoga gatos y cachorros ciegos. Me he declarado tu amigo y confieso estar unido a tus méritos con cables de perdurable firmeza; jamás pude serte de mayor utilidad que ahora. Pon dinero en tu bolsa; ve a la guerra; oculta tu rostro con una barba postiza; te digo, pon dinero en thy [bolsa]*; pon dinero en tu bolsa. No es posible que Desdemonia continúe por mucho tiempo amando al Moro —pon dinero en tu bolsa— ni él a ella: fue un comienzo violento y verás un final a su altura; —pon tan solo dinero en tu bolsa. Estos Moros son inconstantes en sus voluntades: llena tu bolsa de dinero: —el manjar que para él ahora es tan delicioso como la algarroba, le resultará pronto tan amargo como el coloquíntida. Ella ha de buscar la juventud: cuando esté saciada de su cuerpo, hallará el error de su elección: ha de cambiar, tiene que hacerlo: por tanto, pon dinero en tu bolsa. Si a toda costa quieres condenarte, hazlo de un modo más sutil que el ahogamiento. Reúne todo el dinero que puedas: si la santimonia y un frágil voto entre un bárbaro errante y una supersutil veneciana no son demasiado para mi ingenio y el de toda la tribu del infierno, habrás de disfrutar de ella; por tanto, haz dinero. ¡Maldito sea el ahogamiento! está totalmente fuera de lugar: busca más bien ser colgado por lograr tu dicha que ahogarte y quedarte sin ella.