Y mientras los samuráis de los barcos casi llegaron por ello a las manos a causa de los piojos, las embarcaciones Kompira de quinientos koku, como si fuesen las únicas en mostrar absoluta indiferencia ante todo aquello, siguieron navegando cada vez más hacia el oeste, con sus estandartes rojos y blancos ondeando al viento frío bajo un cielo nevado en el largo, larguísimo camino que conducía al castigo de Chōshū.
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IV
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