aptitudes especiales serían muy valoradas por quienes las poseyeran, como las facultades artísticas por los artistas, el temor cero a la investigación y la veracidad por los científicos, la absorción religiosa por los místicos, y así sucesivamente. Habría abnegados, autotormentadores y otros idealistas excepcionales, pero los representantes de estos serían mejores miembros de una comunidad que el conjunto de sus electores. Tendrían más de aquellas cualidades que se necesitan en un Estado, más vigor, más capacidad y más consistencia de propósito. Se podría confiar en que la comunidad rechazaría a los representantes de los criminales y de otros a quienes califica como indeseables.
Supongamos por un momento que la práctica de la eugenesia lograra elevar en el futuro la calidad promedio de nuestra nación hasta la de su mitad más favorecida en la actualidad, y consideremos el beneficio.
El tono general de la vida doméstica, social y política sería más elevado. La raza en su conjunto sería menos necia, menos frívola, menos excitable y políticamente más previsora que ahora. Sus demagogos, que «le hacen el juego a la galería», le harían el juego a una galería más sensata que la actual. Estaríamos mejor preparados para cumplir con nuestras vastas oportunidades imperiales.
Por último, los hombres de un orden de capacidad que hoy es muy poco común se volverían más frecuentes, porque el nivel del que emergían se habría elevado por sí mismo.
El objetivo de la Eugenesia es aportar tantas influencias como puedan emplearse razonablemente para lograr que las clases útiles de la comunidad contribuyan más que en su proporción a la siguiente generación.
El curso de procedimiento que entra dentro de las funciones de una Sociedad culta y activa como lo llegaría a ser la Sociológica, sería más o menos el siguiente:—