era tarde y hartos de pelear, é no habiamos comido, nos volvimos al real, y luego enterramos dos soldados que iban heridos por las gargantas é por el oido, y quemamos las heridas á los demás é á los caballos con el unto del indio, y pusimos buenas velas y escuchas, y cenamos y reposamos.
Aquí es donde dice Francisco Lopez de Gómora que salió Francisco de Morla en un caballo rucio picado ántes que llegase Cortés con los de á caballo, y que eran los santos Apóstoles señor Santiago ó señor San Pedro.
Digo que todas nuestras obras y vitorias son por mano de Nuestro Señor Jesucristo, y que en aquella batalla habia para cada uno de nosotros tantos indios, que á puñados de tierra nos cegaran, salvo que la gran misericordia de Dios en todo nos ayudaba; y pudiera ser que los que dice el Gómora fueran los gloriosos Apóstoles señor Santiago ó señor San Pedro, y yo, como pecador, no fuese digno de verles; lo que yo entónces vi y conocí fué á Francisco de Morla en un caballo castaño, que venia juntamente con Cortés, que me parece que agora que lo estoy escribiendo, se me representa por estos ojos pecadores toda la guerra segun y de la manera que allí pasamos; y ya que yo, como indigno pecador, no merecedor de ver á cualquiera de aquellos gloriosos Apóstoles, allí en nuestra compañía habia sobre cuatrocientos soldados, y Cortés y otros muchos caballeros, y platicárase dello y tomárase por testimonio, y se hubiera hecho una iglesia cuando se pobló la villa, y se nombrara la villa de Santiago de la Vitoria, ú de San Pedro de la Vitoria, como se nombró Santa María de la Vitoria; y si fuera así como lo dice el Gómora, harto malos cristianos fuéramos, enviándonos Nuestro Señor Dios sus Santos Apóstoles, no reconocer la gran merced que nos hacia, y reverenciar cada dia aquella iglesia; y pluguiera á Dios que así fuera como el coronista dice, y hasta que leí su Corónica, nunca entre conquistadores que allí se hallaron tal se oyó.
Y dejémoslo aquí, é diré lo que más pasamos.