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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO PRIMERO.

Cuba aguardando á que nos depositase algunos indios, como nos habia prometido, y no habiamos hecho cosa ninguna que de contar sea, acordamos de nos juntar ciento y diez compañeros de los que habiamos venido de Tierra-Firme y de otros que en la isla de Cuba no tenian indios, y concertamos con un hidalgo que se decia Francisco Hernandez de Córdoba, que era hombre rico y tenia pueblos de indios en aquella isla, para que fuese nuestro capitan, y á nuestra ventura buscar y descubrir tierras nuevas, para en ellas emplear nuestras personas; y compramos tres navíos, los dos de buen porte, y el otro era un barco que hubimos del mismo gobernador Diego Velazquez, fiado, con condicion que, primero que nos le diese, nos habiamos de obligar todos los soldados, que con aquellos tres navíos habiamos de ir á unas isletas que están entre la isla de Cuba y Honduras, que ahora se llaman las islas de los Guanajes, y que habiamos de ir de guerra y cargar los navíos de indios de aquellas islas para pagar con ellos el barco, para servirse dellos por esclavos.

Y desque vimos los soldados que aquello que pedia el Diego Velazquez no era justo, le respondimos que lo que decia no lo mandaba Dios ni el Rey, que hiciésemos á los libres esclavos.

Y desque vió nuestro intento, dijo que era bueno el propósito que llevábamos en querer descubrir tierras nuevas, mejor que no el suyo; y entónces nos ayudó con cosas de bastimento para nuestro viaje.

Y desque nos vimos con tres navíos y matalotaje de pan cazabe, que se hace de unas raices que llaman yucas, y compramos puercos, que nos costaban en aquel tiempo á tres pesos, porque en aquella sazon no habia en la isla de Cuba vacas ni carneros, y con otros pobres mantenimientos, y con rescate de unas cuentas que entre todos los soldados compramos, y buscamos tres pilotos, que el más principal dellos y el que regia nuestra armada se llamaba Anton de Alaminos, natural de Pálos, y el otro piloto se decia Camacho, de Triana, y el otro Juan Álvarez, el Manquillo de Huelva; y asimismo recogimos los marineros que hubimos menester, y el mejor aparejo que pudimos de cables y maromas y anclas, y pipas de agua, y todas otras cosas convenientes para seguir nuestro viaje, y todo esto á nuestra costa y mision.

Y despues que nos hubimos juntado los soldados, que fueron ciento y diez, nos fuimos á un puerto que se dice en la lengua de Cuba, Ajaruco, y es en la banda del Norte, y estaba ocho leguas de una villa que entónces tenian poblada, que se decia San Cristóbal, que desde á dos años la pasaron

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