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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO III.

muchos bultos de serpientes y culebras y otras pinturas de ídolos, y al rededor de uno como altar, lleno de gotas de sangre muy fresca; y á otra parte de los ídolos tenian unas señales como á manera de cruces, pintados de otros bultos de indios; de todo lo cual nos admiramos, como cosa nunca vista ni oida.

Segun pareció, en aquella sazon habian sacrificado á sus ídolos ciertos indios para que les diesen vitoria contra nosotros, y andaban muchos indios é indias riéndose y al parecer muy de paz, como que nos venian á ver; y como se juntaban tantos, temimos no hubiese alguna zalagarda como la pasada de Cotoche; y estando desta manera vinieron otros muchos indios, que traian muy ruines mantas, cargados de carrizos secos, y los pusieron en un llano, y tras estos vinieron dos escuadrones de indios flecheros con lanzas y rodelas, y hondas y piedras, y con sus armas de algodon, y puestos en concierto en cada escuadron su capitan, los cuales se apartaron en poco trecho de nosotros; y luego en aquel instante salieron de otra casa, que era su adoratorio diez indios, que traian las ropas de mantas de algodon largas y blancas, y los cabellos muy grandes, llenos de sangre y muy revueltos los unos con los otros, que no se les pueden esparcir ni peinar si no se cortan; los cuales eran Sacerdotes de los ídolos, que en la Nueva-España comunmente se llaman Papas; otra vez digo que en la Nueva-España se llaman Papas, y así los nombraré de aquí adelante; y aquellos Papas nos trujeron zahumerios, como á manera de resina, que entre ellos llaman copal, y con braseros de barro llenos de lumbre nos comenzaron á zahumar, y por señas nos dicen que nos vamos de sus tierras ántes que á aquella leña que tienen llegada se ponga fuego y se acabe de arder, si no que nos darán guerra y nos matarán.

Y luego mandaron poner fuego á los carrizos y comenzó de arder, y se fueron los Papas callando sin más nos hablar, y los que estaban apercibidos en los escuadrones empezaron á silbar y á tañer sus bocinas y atabalejos.

Y desque los vimos de aquel arte y muy bravosos, y de lo de la Punta de Cotoche aún no teniamos sanas las heridas, y se habian muerto dos soldados, que echamos al mar, vimos grandes escuadrones de indios sobre nosotros, tuvimos temor, y acordamos con buen concierto de irnos á la costa; y así, comenzamos á caminar por la playa adelante hasta llegar enfrente de un peñol que está en la mar, y los bateles y el navío pequeño fueron por la costa tierra á tierra con las pipas de agua, y no nos osamos embarcar junto al pueblo donde nos habiamos desembarcado, por el

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