é tambien todos nosotros los soldados estábamos hartos é muy trabajados de andar por la mar.
Así que dimos vuelta á todas velas, y las corrientes que nos ayudaban, en pocos dias llegamos en el paraje del gran rio de Guacacualco, é no pudimos estar por ser tiempo contrario, y muy abrazados con la tierra entramos en el rio de Tonala, que se puso nombre entónces San Anton, é allí se dió carena al un navío que hacia mucha agua, puesto que tocó tres veces al estar en la barra, que es muy baja; y estando aderezando nuestro navío vinieron muchos indios del puerto de Tonala, que estaba una legua de allí, é trujeron pan de maíz y pescado é fruta, y con buena voluntad nos lo dieron; y el capitan les hizo muchos halagos é les mandó dar cuentas verdes y diamantes, é les dijo por señas que trujesen oro á rescatar, é que les dariamos de nuestro rescate; é traian joyas de oro bajo, é se les daban cuentas por ello. Y desque lo supieron los de Guacacualco é de otros pueblos comarcanos que rescatábamos, tambien vinieron ellos con sus piecezuelas, é llevaron cuentas verdes, que aquellos tenian en mucho.
Pues demás de aqueste rescate, traian comunmente todos los indios de aquella provincia unas hachas de cobre muy lucidas, como por gentileza é á manera de armas, con unos cabos de palo muy pintados, y nosotros creimos que eran de oro bajo, é comenzamos á rescatar dellas; digo que en tres dias se hubieron más de seiscientas de ellas, y estábamos muy contentos con ellas, creyendo que eran de oro bajo, é los indios mucho más con las cuentas; mas todo salió vano; que las hachas eran de cobre é las cuentas un poco de nada.
É un marinero habia rescatado secretamente siete hachas y estaba muy alegre con ellas, y parece ser que otro marinero lo dijo al capitan, é mandóle que las diese; y porque rogamos por él, se las dejó, creyendo que eran de oro.
Tambien me acuerdo que un soldado que se decia Bartolomé Pardo fué á una casa de ídolos, que ya he dicho que se decia cues, que es como quien dice casa de sus dioses, que estaba en un cerro alto, y en aquella casa halló muchos ídolos, é copal, que es como incienso, que es con que zahuman, y cuchillos de pedernal, con que sacrificaban ó retajaban, é unas arcas de madera, y en ellas muchas piezas de oro, que eran diademas é collares, é dos ídolos, y otros como cuentas; y aquel oro tomó el soldado para sí, y los ídolos del sacrificio trujo al capitan.
Y no faltó quien le vió é lo dijo al Grijalva, y se lo queria tomar; é rogámosle que se lo dejase; y como era de buena condicion, que sacado el quinto de S. M., que lo demás fuese para el pobre soldado; y no