CÓMO ACORDAMOS DE NOS VOLVER Á LA ISLA DE CUBA, Y DE LA GRAN SED Y TRABAJOS QUE TUVIMOS HASTA LLEGAR AL PUERTO DE LA HABANA.
Desque nos vimos embarcados en los navíos de la manera que dicho tengo, dimos muchas gracias á Dios, y despues de curados los heridos (que no quedó hombre ninguno de cuantos allí nos hallamos que no tuviesen á dos y á tres y á cuatro heridas, y el capitan con doce flechazos; sólo un soldado quedó sin herir), acordamos de nos volver á la isla de Cuba; y como estaban tambien heridos todos los más de los marineros que saltaron en tierra con nosotros, que se hallaron en las peleas, no teniamos quien marchase las velas, y acordamos que dejásemos el un navío, el de ménos porte, en la mar, puesto fuego, despues de sacadas dél las velas y anclas y cables, y repartir los marineros que estaban sin heridas en los dos navíos de mayor porte; pues otro mayor daño teniamos, que fué la gran falta de agua; porque las pipas y vasijas que teniamos llenas en Champoton, con la grande guerra que nos dieron y priesa de nos acoger á los bateles no se pudieron llevar, que allí se quedaron, y no sacamos ninguna agua. Digo que tanta sed pasamos, que en las lenguas y bocas teniamos grietas de la secura, pues otra cosa ninguna para refrigerio no habia.
¡Oh qué cosa tan trabajosa es ir á descubrir tierras nuevas, y de la manera que nosotros nos aventuramos! No se puede ponderar sino los que han pasado por aquestos excesivos trabajos en que nosotros nos vimos.