usaba enviar presentes cuando se trataba paces, y en aquella punta de los palmares, donde estábamos, vinieron sobre treinta indios é trujeron pescados asados y gallinas é fruta y pan de maíz, é unos braseros con ascuas y con zahumerios, y nos zahumaron á todos, y luego pusieron en el suelo unas esteras, que acá llaman petates, y encima una manta, y presentaron ciertas joyas de oro, que fueron ciertas ánades como las de Castilla, y otras joyas como lagartijas, y tres collares de cuentas vaciadizas, y otras cosas de oro de poco valor que no valía doscientos pesos; y más trujeron unas mantas é camisetas de las que ellos usan, é dijeron que recibiésemos aquello de buena voluntad, é que no tienen más oro que nos dar; que adelante, hácia donde se pone el sol, hay mucho; y decian Culba, Culba, Méjico, Méjico; y nosotros no sabiamos qué cosa era Culba, ni aun Méjico tampoco.
Puesto que no valía mucho aquel presente que trujeron, tuvímoslo por bueno por saber cierto que tenian oro, y desque lo hubieron presentado, dijeron que nos fuésemos luego adelante, y el capitan les dió las gracias por ello é cuentas verdes; y fué acordado de irnos luego á embarcar, porque estaban en mucho peligro los dos navíos por temor del norte, que es travesía, y tambien por acercarnos hácia donde decian que habia oro.