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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO LI.

con nuestro favor eran dignos de muerte, y que nuestro Rey y señor, cuyos vasallos somos, no nos envió á estas partes y tierras para que hiciesen aquellas maldades, y que abriesen bien los ojos no les aconteciese otra como aquella, porque no habia de quedar hombre dellos á vida; luego los caciques y capitanes de Cempoal trujeron á Cortés todo lo que habian robado, así indios como indias y gallinas, y se les entregó á los dueños cuyo era, y con semblante muy furioso les tornó á mandar que se saliesen á dormir al campo, y así lo hicieron.

Y desque los caciques y papas de aquel pueblo y otros comarcanos vieron que tan justificados éramos, y las palabras amorosas que les decia Cortés con nuestras lenguas, y tambien las cosas tocantes á nuestra santa fe, como lo teniamos de costumbre, y que dejasen el sacrificio y de se robar unos á otros, y las suciedades de sodomías, y que no adorasen sus malditos ídolos, y se les dijo otras muchas cosas buenas, tomáronnos tan buena voluntad, que luego fueron á llamar á otros pueblos comarcanos, y todos dieron la obediencia á su majestad; y allí luego dieron muchas quejas de Montezuma, como las pasadas que habian dado los de Cempoal cuando estábamos en el pueblo de Quiahuistlan; y otro dia por la mañana Cortés mandó llamar á los capitanes y caciques de Cempoal, que estaban en el campo aguardando para ver lo que les mandábamos, y aún muy temerosos de Cortés por lo que habian hecho en haberle mentido; y venidos delante, hizo amistades entre ellos y los de aquel pueblo, que nunca faltó por ninguno dellos; y luego partimos para Cempoal por otro camino, y pasamos por dos pueblos amigos de los de Cingapacinga, y estábamos descansando, porque hacia recio sol y veniamos muy cansados con las armas á cuestas; y un soldado que se decia Fulano de Mora, natural de Ciudad-Rodrigo, tomó dos gallinas de una casa de indios de aquel pueblo, y Cortés, que lo acertó á ver, hubo tanto enojo de lo que delante del hizo aquel soldado en los pueblos de paz en tomar las gallinas, que luego le mandó echar una soga á la garganta, y le tenian ahorcando si Pedro de Albarado, que se halló junto á Cortés, no le cortara la soga con la espada, y medio muerto quedó el pobre soldado.

He querido traer esto aquí á la memoria para que vean los curiosos letores cuán ejemplarmente procedia Cortés, y lo que esto importa en esta ocasion. Despues murió este soldado en una guerra en la provincia de Guatimala sobre un peñol.

Volvamos á nuestra relacion: que, como salimos de aquellos pueblos que dejamos de paz, yendo para Cempoal, estaba el cacique gordo, con otros

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