mayor del Velazquez, á quien enviaba para entender solamente en lo de la armada, no se le alzase con ella.
Dejemos esto, y volvamos á Cortés, que como venia en el navío de mayor porte (como ántes tengo dicho), en el paraje de la isla de Pinos ó cerca de los Jardines hay muchos bajos, parece ser tocó y quedó algo en seco el navío, é no pudo navegar, y con el batel mandó descargar toda la carga que se pudo sacar, porque allí cerca habia tierra, donde lo descargaron; y desque vieron que el navío estuvo en floto y podia nadar, le metieron en más hondo, y tornaron á cargarlo que habian descargado en tierra, y dió vela; y fué su viaje hasta el puerto de la Habana; y cuando llegó, todos los más de los caballeros y soldados que le aguardábamos nos alegramos con su venida salvo algunos que pretendian ser capitanes; y cesaron las chirinolas.
Y despues que le aposentamos en la casa de Pedro Barba, que era teniente de aquella villa por el Diego Velazquez, mandó sacar sus estandartes y ponellos delante de las casas donde posaba; y mandó dar pregones segun y de la manera de los pasados, y de allí de la Habana vino un hidalgo que se decia Francisco de Montejo, y este es el por mí muchas veces nombrado, que, despues de ganado Méjico fué adelantado y gobernador de Yucatan y Honduras; y vino Diego de Soto el de Toro, que fué mayordomo de Cortés en lo de Méjico; y vino un Angulo, Garci Caro y Sebastian Rodriguez y un Pacheco, y un fulano Gutierrez, y un Rojas (no digo Rojas el Rico), y un mancebo que se decia Santa Clara, y dos hermanos que se decian los Martinez del Fregenal, y un Juan de Najara (no lo digo por el sordo, el del juego de la pelota de Méjico), y todas personas de calidad, sin otros soldados que no me acuerdo sus nombres.
Y cuando Cortés los vió todos aquellos hidalgos y soldados juntos se holgó en grande manera, y luego envió un navío á la punta de Guaniguanico, á en pueblo que allí estaba de indios, adonde hacian cazabe y tenian muchos puercos, para que cargase el navío de tocinos, porque aquella estancia era del gobernador Diego Velazquez; y envió por capitan del navío al Diego de Ordás, como mayordomo mayor de las haciendas del Velazquez, y envióle por tenelle apartado de sí; porque Cortés supo que no se mostró mucho en su favor cuando hubo las contiendas sobre quién seria capitan cuando Cortés estaba en la isla de Pinos, que tocó su navío, y por no tener contraste en su persona le envió; y le mandó que despues que tuviese cargado el navío de bastimentos, se estuviese aguardando en el mismo puerto de Guaniguanico hasta que se juntase con otro navío que habia de