nombres y de dónde eran, Anton de Alaminos, de Pálos, y Camacho, de Triana, y Juan Álvarez, el Manquillo, de Huelva; y el Alaminos venia por piloto mayor, y otro piloto que entónces vino no me acuerdo el nombre.
Pues ántes que más pase adelante porque nombraré algunas veces á estos hidalgos que he dicho que venian por capitanes, y parecerá cosa descomedida nombralles secamente, Pedro de Albarado, Francisco de Montejo, Alonso de Ávila, y no decilles sus ditados é blasones, sepan que el Pedro de Albarado fué un hidalgo muy valeroso, que despues que se hubo ganado la Nueva-España fué gobernador y adelantado de las provincias de Guatimala, Honduras y Chiapa, é comendador de Santiago.
É asimismo el Francisco de Montejo, hidalgo de mucho valor, que fué gobernador y adelantado de Yucatan; hasta que S. M. les hizo aquestas mercedes y tuvieron señoríos no les nombraré sino sus nombres, y no adelantados.
Volvamos á nuestra plática: que fueron los cuatro navíos por la parte y banda del Norte á un puerto que se llama Matanzas, que era cerca de la Habana vieja, que en aquella sazon no estaba poblada donde ahora está, y en aquel puerto ó cerca dél tenian todos los más vecinos de la Habana sus estancias de cazabe y puercos, y desde allí se proveyeron nuestros navíos lo que faltaba, y nos juntamos así capitanes como soldados para dar vela y hacer nuestro viaje.
Y ántes que más pase adelante, aunque vaya fuera de órden, quiero decir por qué llamaban aquel puerto que he dicho de Matanzas, y eso traigo aquí á la memoria, porque ciertas personas me lo han preguntado la causa de ponelle aquel nombre, y es por esto que diré.
Ántes que aquella isla de Cuba estuviese de paz dió al través por la costa del Norte un navío que habia ido desde la isla de Santo Domingo á buscar indios, que llamaban los lucayos, á unas islas que están entre Cuba y la canal de Bahama, que se llaman las islas de los Lucayos, y con mal tiempo dió al través en aquella costa, cerca del rio y puerto que he dicho que se llama Matanzas, y venian en el navío sobre treinta personas españoles y dos mujeres; y para pasallos aquel rio vinieron muchos indios de la Habana y de otros pueblos, como que los venian á ver de paz, y les dijeron que les querian pasar en canoas y llevallos á sus pueblos para dalles de comer.
É ya que iban con ellos, en medio del rio les trastornaron las canoas y los mataron; que no quedaron sino tres hombres y una mujer, que era hermosa, la cual llevó un cacique de los más principales que hicieron aquella