la prision de sus recaudadores, que ciertamente vendrian sobre ellos los poderes de Méjico del gran Montezuma, y que no podrian escapar de ser muertos y destruidos.
Y dijo Cortés con semblante muy alegre, que él y sus hermanos que allí estábamos los defenderiamos, y matariamos á quien enojar los quisiese.
Entónces prometieron todos aquellos pueblos y caciques á una que serian con nosotros en todo lo que les quisiésemos mandar, y juntarian todos sus poderes contra Montezuma y todos sus aliados.
Y aquí dieron la obediencia á su majestad por ante un Diego de Godoy el escribano, y todo lo que pasó lo enviaron á decir á los más pueblos de aquella provincia; é como ya no daban tributo ninguno, é los recojedores no parecian, no cabian de gozo en haber quitado aquel dominio.
Y dejemos esto, y diré cómo acordamos de nos bajar á lo llano á unos prados, donde comenzamos á hacer una fortaleza. Esto es lo que pasa, y no la relacion que sobre ello dieron al coronista Gómora.