traicion, y los tres españoles repartieron entre los demás caciques.
Y á esta causa se puso á este puerto nombre de puerto de Matanzas; y conocí á la mujer que he dicho, que despues de ganada la isla de Cuba se le quitó al cacique en cuyo poder estaba, y la vi casada en la villa de la Trinidad con un vecino della, que se decia Pedro Sanchez Farfan; y tambien conocí á los tres españoles, que se decia el uno Gonzalo Mejía, hombre anciano, natural de Jerez, y el otro se decia Juan de Santisteban, y era natural de Madrigal, y el otro se decia Cascorro, hombre de la mar, y era pescador, natural de Huelva, y le habia ya casado el cacique con quien solia estar, con una su hija, é ya tenia horadadas las orejas y las narices como los indios.
Mucho me he detenido en contar cuentos viejos; volvamos á nuestra relacion. É ya que estábamos recogidos, así capitanes como soldados, y dadas las instrucciones que los pilotos habian de llevar y las señas de los faroles, despues de haber oido Misa con gran devocion, en 5 dias del mes de Abril de 1518 años dimos vela, y en diez dias doblamos la punta de Guaniguanico, que los pilotos llaman de San Anton, y en otros ocho dias que navegamos vimos la isla de Cozumel, que entónces la descubrimos, dia de Santa Cruz, porque decayeron los navíos con las corrientes más bajo que cuando venimos con Francisco Hernandez de Córdoba, y bajamos la isla por la banda del sur; vimos un pueblo, y allí cerca buen surgidero y bien limpio de arrecifes, y saltamos en tierra con el capitan Juan de Grijalva buena copia de soldados, y los naturales de aquel pueblo se fueron huyendo desque vieron venir los navíos á la vela, porque jamás habian visto tal, y los soldados que salimos á tierra no hallamos en el pueblo persona ninguna, y en unas mieses de maizales se hallaron dos viejos que no podian andar y los trujimos al capitan, y con Julianillo y Melchorejo, los que trajimos de la Punta de Cotoche, que entendian muy bien á los indios, y les habló; porque su tierra dellos y aquella isla de Cozumel no hay de travesía en la mar sino obra de cuatro leguas, y así hablan una misma lengua; y el capitan halagó aquellos viejos y les dió cuentezuelas verdes, y les envió á llamar al calachioni de aquel pueblo, que así se dicen los caciques de aquella tierra, y fueron y nunca volvieron; y estándoles aguardando, vino una india moza, de buen parecer, é comenzó á hablar la lengua de la isla de Jamáica, y dijo que todos los indios é indias de aquella isla y pueblo se habian ido á los montes, de miedo; y como muchos de nuestros soldados é yo entendimos muy bien aquella lengua, que es la de Cuba, nos admiramos, y la preguntamos que cómo estaba allí, y dijo que habia dos años que dió al través con una canoa grande en que iban