á donde agora está poblada la dicha Habana.
Y para que con buen fundamento fuese encaminada nuestra armada, hubimos de llevar un Clérigo que estaba en la misma villa de San Cristóbal, que se decia Alonso Gonzalez, que con buenas palabras y prometimientos que le hicimos se fué con nosotros; y demás desto elegimos por veedor, en nombre de su majestad, á un soldado que se decia Bernardino Iñiguez, natural de Santo Domingo de la Calzada, para que si Dios fuese servido que topásemos tierras que tuviesen oro ó perlas ó plata, hubiese persona suficiente que guardase el real quinto.
Y despues de todo concertado y oido Misa, encomendándonos á Dios nuestro Señor y á la Vírgen Santa María, su bendita Madre, nuestra Señora, comenzamos nuestro viaje de la manera que adelante diré.