hirieron luego seis de nuestros compañeros, y á mí me dieron un flechazo en el brazo derecho de poca herida; y dímosles tanta priesa de estocadas y cuchilladas y con las escopetas y ballestas, que nos dejan á nosotros los que estábamos tomando agua de los pozos, y van á la mar y estero á ayudar á sus compañeros los que venian en las canoas donde estaba nuestro batel con los marineros, que tambien andaban peleando pié con pié con los indios de las canoas, y aun les tenian ya tomado el batel y le llevaban por el estero arriba con sus canoas, y habian herido á cuatro marineros, y al piloto Alaminos le dieron una mala herida en la garganta; y arremetimos á ellos, el agua más que á la cinta, y á estocadas les hicimos soltar el batel, y quedaron tendidos y muertos en la costa y en el agua veintidos de ellos, y tres prendimos, que estaban heridos poca cosa, que se murieron en los navíos.
Despues desta refriega pasada, preguntamos al soldado que pusimos por vela qué se hizo su compañero Berrio (que así se llamaba); dijo que lo vió apartar con una hacha en las manos para cortar un palmito, y que fué hácia el estero por donde habian venido los indios de guerra, y que oyó voces de español, y que por aquellas voces vino de presto á dar mandado á la mar, y que entónces le debieran de matar; el cual soldado solamente él habia quedado sin ninguna herida en lo de Potonchan, y quiso su ventura que vino allí á fenecer; y luego fuimos en busca de nuestro soldado por el rastro que habian traido aquellos indios que nos dieron guerra, y hallamos una palma que habia comenzado á cortar, y cerca della mucha huella en el suelo, más que en otras partes; por donde tuvimos por cierto que le llevaron vivo, porque no habia rastro de sangre, y anduvimos buscándole á una parte y á otra más de una hora, y dimos voces, y sin más saber de él nos volvimos á embarcar en el batel y llevamos á los navíos el agua dulce, con que se alegraron todos los soldados, como si entónces les diéramos las vidas; y un soldado se arrojó desde el navío en el batel con la gran sed que tenia, tomó una botija á pechos, y bebió tanta agua, que della se hinchó y murió.
Pues ya embarcados con nuestra agua y metidos nuestros bateles en los navíos, dimos vela para la Habana, y pasamos aquel dia y la noche que hizo buen tiempo junto de unas isletas que llaman los Mártires, que son unos bajos que así los llaman, los bajos de los Mártires.
Íbamos en cuatro brazas lo más hondo, y tocó la nao capitana entre unas como isletas é hizo mucha agua; que con dar todos los soldados que íbamos á la bomba no podiamos estancar, é íbamos con temor no nos anegásemos.