nosotros, é como esforzados hombres vinieron é nos cercaron con las canoas con tan grandes rociadas de flechas, que nos hirieron é hicieron detener en el agua hasta la cinta y en otras partes más arriba; y como habia allí en aquel desembarcadero mucha lama y ciénago, no podiamos tan presto salir della; é cargaron sobre nosotros tantos indios, que con lanzas á manteniente y otros á flecharnos hacian que no tomásemos tierra tan presto como quisiéramos, é tambien porque en aquella lama estaba Cortés peleando y se le quedó un alpargata en el cieno, que no lo pudo sacar, y descalzo el un pié salió á tierra.
Estuvimos en aquella sazon en grande aprieto, hasta que, (como digo) salió á tierra, y todos nosotros; é luego con gran osadía, nombrando al Sr. Santiago é arremetiendo á ellos, les hicimos retraer, y aunque no muy léjos, por causa de las grandes albarradas y cercas que tenian hechas de maderos gruesos, adonde se amparaban, hasta que se las deshicimos, é tuvimos lugar por unos portillos de entrar en el pueblo y pelear con ellos, y los llevamos por una calle adelante adonde tenian hechas otras albarradas y fuerzas, é allí tornaron á reparar y hacer cara, y pelearon muy valientemente, con grande esfuerzo y dando voces é silbos, diciendo:
—«Ala, lala, al calachoni, al calachoni;» que en su