gran número de indios que ya se habian juntado, porque tuvimos por cierto que al embarcar nos darian guerra.
Pues ya metida nuestra agua en los navíos y embarcados en una bahía como portezuelo que allí estaba, comenzamos á navegar seis dias con sus noches con buen tiempo, y volvió un Norte, que es travesía en aquella costa, el cual duró cuatro dias con sus noches, que estuvimos para dar al través: tan recio temporal hacia, que nos hizo anclear la costa por no ir al través; que se nos quebraron dos cables, y iba garrando á tierra el navío. ¡Oh en qué trabajo nos vimos! Que si se quebrara el cable, íbamos á la costa perdidos, y quiso Dios que se ayudaron con otras maromas viejas y guindaletas.
Pues ya reposado el tiempo, seguimos nuestra costa adelante, llegándonos á tierra cuanto podiamos para tornar á tomar agua, que (como he dicho) las pipas que traiamos vinieron muy abiertas y asimismo no habia regla en ello; como íbamos costeando, creiamos que do quiera que saltásemos en tierra la tomariamos de jagueyes y pozos que cavariamos.
Pues yendo nuestra derrota adelante vimos desde los navíos un pueblo, y ántes de obra de una legua dél hácia una ensenada, que parecia que habria rio ó arroyo: acordamos de seguir junto á él; y como en aquella costa (como otras veces he dicho) mengua mucho la mar y quedan en seco los navíos, por temor dello surgimos más de una legua de tierra en el navío menor y en todos los bateles; fué acordado que saltásemos en aquella ensenada, sacando nuestras vasijas con muy buen concierto, y armas y ballestas y escopetas.
Salimos en tierra poco más de medio dia, y habria una legua desde el pueblo hasta donde desembarcamos, y estaban unos pozos y maizales, y caserías de cal y canto. Llámase este pueblo Potonchan, y henchimos nuestras pipas de agua; mas no las pudimos llevar ni meter en los bateles, con la mucha gente de guerra que cargó sobre nosotros; y quedarse ha aquí, y adelante diré las guerras que nos dieron.