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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XLIX.

cacique gordo é á todos los demás principales que estaban aguardando el ayuda y socorro, y les dijo:

—«Allá envio con vosotros este mi hermano, para que mate y eche todos los culúas de ese pueblo, y me traiga presos á los que no se quisieren ir.»

Y los caciques estaban elevados desque lo oyeron, y no sabian si lo creer ó no, é miraban á Cortés si hacia algun mudamiento en el rostro, que creyeron que era verdad lo que les decia; y luego el viejo Heredia, que iba con ellos, cargó su escopeta, é iba tirando tiros al aire por los montes porque lo oyesen é viesen los indios, y los caciques enviaron á dar mandado á los otros pueblos cómo llevan á un teule para matar á los mejicanos que estaban en Cingapacinga; y esto pongo aquí por cosa de risa, porque vean las mañas que tenia Cortés.

Y cuando entendió que habia llegado el Heredia al rio que le habia dicho, mandó de presto que le fuesen á llamar, y vueltos los caciques y el viejo Heredia, les tornó á decir Cortés á los caciques que por la buena voluntad que les tenia que el propio Cortés en persona con algunos de sus hermanos queria ir á hacelles aquel socorro y á ver aquellas tierras y fortalezas, y que luego le trujesen cien hombres tamemes para llevar los tepuzques, que son los tiros, y vinieron otro dia por la mañana; y habiamos de partir aquel mismo dia con cuatrocientos soldados y catorce de á caballo y ballesteros y escopeteros, que estaban apercebidos; y ciertos soldados que eran de la parcialidad de Diego Velazquez dijeron que no querian ir, y que se fuese Cortés con los que quisiese, que ellos á Cuba se querian volver; y lo que sobre ello se hizo diré adelante.

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