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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XXXIX.

encima dellas, lo primero que dió fué una rueda de hechura de sol, tan grande como de una carreta, con muchas labores, todo de oro muy fino, gran obra de mirar, que valía, á lo que despues dijeron que le habian pesado, sobre veinte mil pesos de oro, y otra mayor rueda de plata, figurada la luna con muchos resplandores, y otras figuras en ella, y esta era de gran peso, que valía mucho, y trujo el casco lleno de oro en granos crespos como lo sacan de las minas, que valía tres mil pesos.

Aquel oro del casco tuvimos en más, por saber cierto que habia buenas minas, que si trujeran treinta mil pesos. Más trajo veinte ánades de oro, de muy prima labor y muy natural, é unos como perros de los que entre ellos tienen, y muchas piezas de oro figuradas de hechuras de tigres y leones y monos, y diez collares hechos de una hechura muy prima, é otros pinjantes, é doce flechas y arco con su cuerda, y dos varas como de justicia, de largo de cinco palmos, y todo esto de oro muy fino y de obra vaciadiza; y luego mandó traer penachos de oro y de ricas plumas verdes y otras de plata, y aventadores de lo mismo, pues venados de oro sacados del vaciadizo; é fueron tantas cosas, que, como há ya tantos años que pasó, no me acuerdo de todo; y luego mandó traer allí sobre treinta cargas de ropa de algodon tan prima y de muchos géneros de labores, y de pluma de muchos colores, que por ser tantos no quiero en ello más meter la pluma, porque no lo sabré escribir.

Y despues de haber dado, dijo aquel gran cacique Quintalbor y el Tendile á Cortés que reciba aquello con la gran voluntad que su señor se lo envia, é que lo reparta con los teules que consigo trae; y Cortés con alegría los recibió; y dijeron á Cortés aquellos embajadores que le querian hablar lo que su señor Montezuma le envia á decir.

Y lo primero que le dijeron, que se ha holgado que hombres tan esforzados vengan á su tierra, como le han dicho que somos, porque sabia lo de Tabasco; y que deseara mucho ver á nuestro gran Emperador, pues tan gran señor es, pues de tan léjas tierras como venimos tiene noticia dél, é que le enviaria un presente de piedras ricas, é que entretanto que allí en aquel puerto estuviéremos, si en algo nos puede servir que lo hará de buena voluntad; é cuanto á las vistas, que no curasen dellas, que no habia para qué; poniendo muchos inconvenientes.

Cortés les tornó á dar las gracias con buen semblante por ello, y con muchos halagos dió á cada gobernador dos camisas de Holanda y diamantes azules y otras cosillas, y les rogó que volviesen por su embajador á Méjico

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