de qué manera fué allí traida; é de las otras mujeres no me acuerdo bien de todos sus nombres, é no hace al caso nombrar algunas, mas estas fueron las primeras cristianas que hubo en la Nueva-España. Y Cortés las repartió á cada capitan la suya, é á esta doña Marina, como era de buen parecer y entremetida é desenvuelta, dió á Alonso Hernandez Puertocarrero, que ya he dicho otra vez que era muy buen caballero, primo del conde de Medellin; y desque fué á Castilla el Puertocarrero, estuvo la doña Marina con Cortés, é della hubo un hijo, que se dijo don Martin Cortés, que el tiempo andando fué comendador de Santiago.
En aquel pueblo estuvimos cinco dias, así porque se curaban las heridas como por los que estaban con dolor de riñones, que allí se les quitó; y demás desto, porque Cortés siempre atraia con buenas palabras á los caciques, y les dijo cómo el Emperador nuestro señor, cuyos vasallos somos, tiene á su mandado muchos grandes señores, y que es bien que ellos le dén la obediencia; é que en lo que hubieren menester, así favor de nosotros como otra cualquiera cosa, que se lo hagan saber donde quiera que estuviésemos, que él les vendrá á ayudar.
Y todos los caciques le dieron muchas gracias por ello, y allí se otorgaron por vasallos de nuestro grande Emperador. Estos fueron los primeros vasallos que en la Nueva-España dieron la obediencia á su majestad.
Y luego Cortés les mandó que para otro dia, que era domingo de Ramos, muy de mañana viniesen al altar que hicimos, con sus hijos y mujeres, para que adorasen la santa imágen de Nuestra Señora y la Cruz; y asimismo les mandó que viniesen seis indios carpinteros, y que fuesen con nuestros carpinteros, y que en el pueblo de Cintia, adonde Dios Nuestro Señor fué servido de darnos aquella victoria de la batalla pasada, por mí referida, que hiciesen una cruz en un árbol grande que allí estaba, que llaman ceiba, é hiciéronla en aquel árbol á efecto que durase mucho, que con la corteza, que suele reverdecer, está siempre la cruz señalada.
Hecho esto mandó que aparejasen todas las canoas que tenian, para nos ayudar á embarcar, porque aquel santo dia nos queriamos hacer á la vela, porque en aquella sazon vinieron dos pilotos á decir á Cortés que estaban en gran riesgo los navíos por amor del Norte, que es travesía.
Y otro dia muy de mañana vinieron todos los caciques y principales con todas sus mujeres é hijos, y estaban ya en el patio donde teniamos la iglesia y cruz, y muchos ramos cortados para andar en procesion; y desque los caciques vimos juntos, Cortés y todos los capitanes á una con gran