sobre treinta dellos, á los cuales dimos de comer cazabe y tocino, y á cada uno un sartalejo de cuentas verdes, y estuvieron mirando un buen rato los navíos; y el más principal dellos, que era cacique, dijo por señas que se queria tornar á embarcar en sus canoas y volver á su pueblo, y que otro dia volverian y traerian más canoas en que saltásemos en tierra; y venian estos indios vestidos con unas jaquetas de algodon y cubiertas sus vergüenzas con unas mantas angostas, que entre ellos llaman mastates, y tuvímoslos por hombres más de razon que á los indios de Cuba, porque andaban los de Cuba con sus vergüenzas defuera, excepto las mujeres, que traian hasta que les llegaban á los muslos unas ropas de algodon que llaman naguas.
Volvamos á nuestro cuento: que otro dia por la mañana volvió el mismo cacique á los navíos, y trujo doce canoas grandes con muchos indios remeros, y dijo por señas al capitan, con muestras de paz, que fuésemos á su pueblo y que nos darian comida y lo que hubiésemos menester, y que en aquellas doce canoas podiamos saltar en tierra. Y cuando lo estaba diciendo en su lengua, acuérdome que decia: Con escotoch, con escotoch; y quiere decir, andad acá á mis casas; y por esta causa pusimos desde entónces por nombre á aquella tierra Punta de Cotoche, y así está en las cartas de marear.
Pues viendo nuestro capitan y todos los demás soldados los muchos halagos que nos hacia el cacique para que fuésemos á su pueblo, tomó consejo con nosotros, y fué acordado que sacásemos nuestros bateles de los navíos, y en el navío de los más pequeños y en las doce canoas saliésemos á tierra todos juntos de una vez, porque vimos la costa llena de indios que habian venido de aquella poblacion, y salimos todos en la primera barcada.
Y cuando el cacique nos vido en tierra y que no íbamos á su pueblo; dijo otra vez al capitan por señas que fuésemos á sus casas; y tantas muestras de paz hacia, que tomando el capitan nuestro parecer para si iriamos ó no, acordóse por todos los más soldados que con el mejor recaudo de armas que pudiésemos llevar y con buen concierto fuésemos. Llevamos quince ballestas y diez escopetas (que así se llamaban, escopetas y espingardas, en aquel tiempo), y comenzamos á caminar por un camino por donde el cacique iba por guia, con otros muchos indios que le acompañaban.
É yendo de la manera que he dicho, cerca de unos montes breñosos comenzó á dar voces y apellidar el cacique para que saliesen á nosotros escuadrones de gente de guerra, que tenian en celada para nos matar; y á las voces que dió el cacique, los escuadrones vinieron con gran furia, y comenzaron á nos flechar de arte, que á la primera rociada de flechas