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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO II.

nos hirieron quince soldados, y traian armas de algodon, y lanzas y rodelas, arcos y flechas, y hondas y mucha piedra, y sus penachos puestos, y luego tras las flechas vinieron á se juntar con nosotros pié con pié, y con las lanzas á manteniente nos hacian mucho mal.

Mas luego les hicimos huir, como conocieron el buen cortar de nuestras espadas, y de las ballestas y escopetas el daño que les hacian; por manera que quedaron muertos quince dellos.

Un poco más adelante donde nos dieron aquella refriega que dicho tengo, estaba una placeta y tres casas de cal y canto, que eran adoratorios, donde tenian muchos ídolos de barro, unos como caras de demonios y otros como de mujeres, altos de cuerpo, y otros de otras malas figuras; de manera que al parecer estaban haciendo sodomías unos bultos de indios con otros; y dentro en las casas tenian unas arquillas hechizas de madera, y en ellas otros ídolos de gestos diabólicos, y unas patenillas de medio oro, y unos pinjantes y tres diademas, y otras piecezuelas á manera de pescados y otras á manera de ánades, de oro bajo.

Y despues que lo hubimos visto, así el oro como las casas de cal y canto, estábamos muy contentos porque habiamos descubierto tal tierra, porque en aquel tiempo no era descubierto el Perú, ni aún se descubrió dende allí á diez y seis años.

En aquel instante que estábamos batallando con los indios, como dicho tengo, el Clérigo Gonzalez iba con nosotros, y con dos indios de Cuba se cargó de las arquillas y el oro y los ídolos, y lo llevó al navío; y en aquella escaramuza prendimos dos indios, que despues se bautizaron y volvieron cristianos, y se llamó el uno Melchor y el otro Julian, y entrambos eran trastabados de los ojos.

Y acabado aquel rebato acordamos de nos volver á embarcar, y seguir las costas adelante descubriendo hácia donde se pone el sol; y despues de curados los heridos, comenzamos á dar velas.

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