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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XXIII.

ir por la banda del norte, y que irian ámbos en conserva hasta lo de Cozumel, ó le avisaria con indios en canoas lo que habia de hacer.

Volvamos á decir del Francisco de Montejo y de todos aquellos vecinos de la Habana, que metieron mucho matalotaje de cazabe y tocinos, que otra cosa no habia; y luego Cortés mandó sacar toda la artillería de los navíos, que eran diez tiros de bronce y ciertos falconetes, y dió cargo dellos á un artillero que se decia Mesa y á un levantisco que se decia Arbenga y á un Juan Catalan, para que los limpiasen y probasen y para que las pelotas y pólvora todo lo tuviesen muy á punto; é dióles vino y vinagre con que lo refinasen; y dióles por compañero á uno que se decia Bartolomé de Usagre.

Asimismo mandó aderezar las ballestas y cuerdas, y nueces y almacen, é que tirasen á terrero, é que mirasen á cuántos pasos llegaba la fuga de cada una dellas.

Y como en aquella tierra de la Habana habia mucho algodon, hicimos armas muy bien colchadas, porque son buenas para entre indios, porque es mucha la vara y flecha y lanzadas que daban, pues piedra era como granizo; y allí en la Habana comenzó Cortés á poner casa y á tratarse como señor, y el primer maestresala que tuvo fué un Guzman, que luego se murió ó mataron indios; no digo por el mayordomo Cristóbal de Guzman, que fué de Cortés, que prendió Gutemuz cuando la guerra de Méjico. Y tambien tuvo Cortés por camarero á un Rodrigo Rangel, y por mayordomo á un Juan de Cáceres, que fué, despues de ganado Méjico, hombre rico.

Y todo esto ordenado, nos mandó apercebir para embarcar, y que los caballos fuesen repartidos en todos los navíos: hicieron pesebrera, y metieron mucho maíz y yerba seca.

Quiero aquí poner por memoria todos los caballos y yeguas que pasaron.

El capitan Cortés, un caballo castaño zaino, que luego se le murió en San Juan de Ulúa.

Pedro de Albarado y Hernando Lopez de Ávila, una yegua castaña muy buena, de juego y de carrera, y de que llegamos á la Nueva-España el Pedro de Albarado le compró la mitad de la yegua, ó se la tomó por fuerza.

Alonso Hernandez Puertocarrero, una yegua rucia de buena carrera, que le compró Cortés por las lazadas de oro.

Juan Velazquez de Leon, otra yegua rucia muy poderosa, que llamábamos la Rabona, muy revuelta y de buena carrera.

Cristóbal de Olí, un caballo castaño oscuro, harto bueno.

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