persona ninguna para salir á tierra, porque así convenia al servicio de Dios nuestro Señor y de su majestad; y que la persona que tal licencia pidiese, por hombre que merecia pena de muerte, conforme á las leyes de la órden militar, pues quieren dejar á su capitan y bandera desamparada en la guerra é peligro, en especial habiendo tanta multitud de pueblos de indios guerreros como ellos han dicho: y Cortés hizo como que les queria dar la licencia, mas á la postre se la revocó, y se quedaron burlados y aun avergonzados, y el Moron su caballo vendido, y el Juan Ruano, que lo hubo, no se lo quiso volver, y todo fué maneado por Cortés, y fuimos nuestra entrada á Cingapacinga.
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CAPÍTULO L.
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