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nydus/Verdadera historia de los sucesos de la conquista de la Nueva-España, Tomo IPublic
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CAPÍTULO XXXI.

Aguilar les tornó á hablar y requerir con la paz, y que nos dejasen tomar agua é comprar de comer á trueco de nuestro rescate, é tambien decir á los calachionis cosas que sean de su provecho y servicio de Dios nuestro Señor, y todavía ellos á porfiar que no pasásemos de aquellos palmares adelante; si no, que nos matarian.

Y cuando aquello vió Cortés mandó apercebir los bateles é navíos menores, é mandó poner en cada un batel tres tiros, y repartió en ellos los ballesteros y escopeteros; y teniamos memoria cuando lo de Grijalva, que iba un camino angosto desde los palmares al pueblo por unos arroyos é ciénegas.

Cortés mandó á tres soldados que aquella noche mirasen bien si iban á las casas, y que no se detuviesen mucho en traer la respuesta; y los que fueron vieron que se iban; é visto todo esto, y despues de bien mirado, se nos pasó aquel dia dando órden en cómo y de qué manera habiamos de ir en los bateles; é otro dia por la mañana, despues de haber oido Misa y todas nuestras armas muy á punto, mandó Cortés á Alonso de Ávila, que era capitan, que con cien soldados, y entre ellos diez ballesteros, fuese por el caminillo, el que he dicho que iba al pueblo; y que de que oyese los tiros, él por una parte é nosotros por otra diésemos en el pueblo; é Cortés y todos los más soldados é capitanes fuimos en los bateles y navíos de ménos porte por el rio arriba; y cuando los indios guerreros que estaban en la costa y entre los manglares vieron que de hecho íbamos, vienen sobre nosotros con tantas canoas al puerto adonde habiamos de desembarcar, para defendernos que no saltásemos en tierra, que en toda la costa habia sino indios de guerra con todo género de armas que entre ellos se usan, tañendo trompetillas y caracoles é atabalejos; é como Cortés así vió la cosa, mandó que nos detuviésemos un poco y que no soltásemos tiros ni escopetas ni ballestas; é como todas las cosas queria llevar muy justificadamente, les hizo otro requerimiento delante de un escribano del Rey, que allí con nosotros iba, que se decia Diego de Godoy, é por la lengua de Aguilar, para que nos dejasen saltar en tierra, é tomar agua y hablalles cosas de Dios nuestro Señor y de su majestad; y que si guerra nos daban, que si por defendernos algunas muertes hubiese ó otros cualesquier daños, fuesen á su culpa y cargo, é no á la nuestra; y ellos todavía haciendo muchos fieros y que no saltásemos en tierra; si no que nos matarian.

Luego comenzaron muy valientemente á nos flechar é hacer sus señas con sus atambores para que todos sus escuadrones apechugasen con

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