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nydus/A Farewell to ArmsPublic
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Table of Contents

I

y ramas de frondosas hojas y enredaderas dispuestas sobre los tractores. Hacia el norte podíamos mirar a través de un valle y ver un bosque de castaños y detrás otra montaña en este lado del río. Hubo combates también por esa montaña, pero no tuvieron éxito, y en otoño, cuando llegaron las lluvias, todas las hojas cayeron de los castaños y las ramas quedaron desnudas y los troncos negros por la lluvia. Los viñedos eran escasos y de ramas desnudas también, y todo el país húmedo y marrón y muerto con el otoño. Había neblinas sobre el río y nubes en la montaña y los camiones salpicaban barro en el camino y las tropas iban embarradas y húmedas bajo sus capas; sus fusiles estaban húmedos y bajo las capas las dos cartucheras de cuero al frente de los cinturones, cajas de cuero gris pesadas con los paquetes de peines de cartuchos delgados y largos de 6,5 mm., se abultaban hacia adelante bajo las capas de modo que los hombres, al pasar por el camino, marchaban como si estuvieran de seis meses de embarazo.

Había pequeños automóviles grises que pasaban muy deprisa; por lo general iba un oficial en el asiento delantero con el conductor y más oficiales en el asiento de atrás.

Salpicaban más lodo todavía que los camiones y si uno de los oficiales de atrás era muy pequeño y sentado entre dos generales, él mismo tan pequeño que no se le podía ver la cara sino solo la parte superior de la gorra y su espalda estrecha, y si el coche iba especialmente rápido, probablemente era el Rey.

Vivía en Údine y salía de este modo casi todos los días para ver cómo iban las cosas, y las cosas iban muy mal.

Al comenzar el invierno llegó la lluvia persistente y con la lluvia vino el cólera. Pero fue contenido y al final solo murieron de él siete mil hombres en el ejército.

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