Fue Darl, ese del que la gente dice que es raro, vago, dando vueltas por la granja sin ser mejor que Anse, con Cash de carpintero competente y siempre con más obras de las que abarca, y Jewel siempre haciendo algo que le daba dinero o daba que hablar, y esa muchacha casi desnuda siempre junto a Addie con un abanico, de modo que cada vez que uno intentaba hablarle y animarla, contestaba por ella rapidito, como si tratara de impedir que alguien se le acercara.
Era Darl. Llegó a la puerta y se quedó allí, mirando a su madre moribunda. Simplemente la miró, y sentí de nuevo el amor generoso del Señor y Su misericordia. Vi que con Jewel ella solo había estado fingiendo, y que era entre ella y Darl donde existían el entendimiento y el amor verdadero. Él se limitó a mirarla, sin siquiera entrar por donde ella pudiera verlo y alterarse, sabiendo que Anse lo estaba alejando y que nunca volvería a verla. No dijo nada, limitándose a mirarla.
—¿Qué quieres, Darl? —dijo Dewey Dell, sin parar el abanico, hablando deprisa, manteniéndolo a raya incluso a él. Él no contestó. Se limitó a quedarse de pie y mirar a su madre moribunda, con el corazón demasiado lleno para pronunciar palabra.