“Ese pobre muchacho”, dice Cora. “El pobre crío”.
—¿Y Jewel? —dice Kate.
—Él también puede —dice Eula.
—Vaya —dice Kate—. Supongo que sí. Supongo que sí. Supongo que por aquí hay más de una muchacha a la que no le hace gracia ver a Jewel atado. Bueno, no tienen de qué preocuparse.
—¡Vaya, Kate! —dice Cora.
El carruaje empieza a traquetear.
—El pobrecito crío —dice Cora.
Va a llover esta noche. Sí, señor. Un carro chirriante es señal de sequía extrema, tratándose de un Birdsell. Pero eso se va a arreglar. De veras que sí.
—Tendría que haberse llevado los pasteles después de haber dicho que lo haría —dice Kate.