El carro de Tull está junto al manantial, atado a la talanquera, con las riendas enrolladas en el pescante. En la caja del carro hay dos sillas. Jewel se detiene junto al manantial, coge la calabaza de la rama de sauce y bebe. Lo paso de largo y subo por el sendero, empezando a oír la sierra de Cash.
Cuando llego arriba ha dejado de serrucherar. De pie entre un desparrame de virutas, está encajando dos de las tablas. Entre los espacios de sombra son amarillas como el oro, como oro tierno, llevando en sus costados, en suaves ondulaciones, las marcas de la hoja de la azuela: un buen carpintero, Cash.
Sostiene los dos tablones sobre el caballete, encajados por los cantos en una cuarta parte de la caja terminada. Se arrodilla y entorna los ojos mirando a lo largo del canto de ellos, luego los baja y toma la azuela.
Un buen carpintero. Addie Bundren no podría desear uno mejor, una caja mejor donde yacer. Le dará confianza y consuelo.
Sigo hacia la casa, seguido por el
Tac tac tac de la azuela.