—Cierra la boca, eso le digo.
Pues Carpenter vino con nosotros y llevó la cuenta y de todas las trampas anotando que he visto jamás, esta se lleva la palma. ¿Por qué una vez me cantó strike cuando le di a la pelota con el putter al echar el palo hacia atrás antes de estar listo siquiera para tirarla hacia el hoyo.
Salí bastante bien en el 2.º hoyo, pero me dio otro mareo enseguida y cuando intenté darle a la pelota con mi brassy casi no veía y le di al suelo detrás de ella 3 o 4 veces y no la llegué a tocar nunca.
Puedes hacer hoyos más grandes con un arado, dice Thomas.
Deben de creer que hay petróleo en esta propiedad, dice Carpenter.
Los dos son demasiado listos, les digo. Pero los dejaría como unos idiotas si no me hubiera comido ese jamón en el almuerzo.
Bueno, no sirve de nada contarte el resto. Yo no estaba en condiciones de jugar mi partido y Thomas me ganó por 3 o 4 hoyos. Carpenter dice que iba 18 abajo al terminar los primeros 9, pero estaba exagerando.
—Me has ganado de todas formas —le dije a Thomas—, pero ya sabes qué pocas posibilidades habrías tenido si no llega a ser porque el kétchup que almorcé se puso malo y me dio náuseas.
Me alegra recibir esa noticia sobre el kétchup —dice Thomas—, porque cuando el país se quede seco querremos algo que le afecte a uno de esa manera.
Luego Carpenter dice que el vino era un buen antídoto para un hombre que se envenenó con kétchup y dice que compraría una botella cuando llegáramos a la casa club.