bailamos juntos y yo creí que tenía un brazo lleno de flores y luego nos sentamos y hablamos y Martin me preguntó si no le había hecho nada a Hamilton por haberme mandado ese san valentín y le digo que no, que no le había hecho nada porque Grace y yo lo habíamos hablado juntos y yo le había contado todo al respecto y ella y yo nos habíamos propuesto en nuestra mente no hacer nada más al respecto sino simplemente dejar en paz a los Hamilton y actuar como si no hubiera tal gente y entonces el señor y la señora Martin dijeron los dos que creían que éramos unos idiotas por dejar que Hamilton se saliera con la suya tan fácilmente cuando había insultado a Grace y a mí, así que le digo bueno, no se me ocurre nada que hacer salvo ir allá y romperle la mandíbula y Martin dice bueno, tal vez a él se le ocurriera algo y si se le ocurría uno bueno me lo diría porque era amigo mío y no le gusta ver que un hombre sale perdiendo y esa es la clase de amigo que hay que tener, eh Charley. Martin es enteramente diferente a un gran estirado que es demasiado tacaño para encender las luces de su casa cuando da una fiesta.
Pues Charley ojalá tú y Mary pudieras ver a los Martins y apuesto a que no hay nadie viviendo cerca de ti que sea tan buena compañía como ellos y yo y Grace somos bastante afortunados de tenerlos viviendo al lado nuestra nada más que no salimos ni a empate de vecinos con los Hamiltons del otro lado.
Un saludo cordial a Mary.
Tu hermano, Fred A. Gross.
Allison, Ill., 9 de marzo.
Querido Charley. Bueno Charley, le jugué una pasada a Hamilton y por supuesto él nunca va a saber quién lo hizo pero aun y todo se puso de muy mal humor y esta vez lo vi cuando se enteró de eso y me estaba riendo de él nada más que él no me podía ver porque yo estaba donde él no me podía ver.