de no tratar de pegarle muy fuerte a la pelota y de no quitarle los ojos de encima y de mantener el pie izquierdo en el suelo y de no levantar el palo muy rápido ni pararte demasiado lejos de ella, y una vez que hayas aprendido esas cosas, todo lo que necesitas es práctica para dominar los detalles finos.
Su hermano F. A. Gross .
P.D. Poco me faltó para contarte una buena, Charley. Cuando llegué a casa esta noche, la señora estaba de lo más alterada y apenas entré me dijo que se habían robado la copa de plata. Así que le pregunté quién pudo habérvanla robado y cómo habían entrado, y ella contestó que apostaba a que la gente del club de golf había venido a llevársela a causa de que yo había renunciado al club, y admitió que se había olvidado de cerrar con llave la puerta de calle cuando sacó a los niños esta tarde. Bueno, ella creía que iba a echarle una bronca, pero solo la regañé un poco por dejar la puerta abierta y luego le dije que no se preocupara por la copa porque de todos modos no creía que valiera mucho. Tampoco valía nada, Charley. Lo sé porque esta mañana se la vendí a una casa de empeño en la calle Clark por 4,50 dólares.