La alegre esposa de Bath, cuando fue llamada a favorecer a la compañía, protestó diciendo que no tenía aptitud para tales cosas, pero que su cuarto marido había sentido afición por ellas y recordaba una de sus adivinanzas que tal vez fuera nueva para sus compañeros de peregrinación:
«¿Por qué se parece un tapón que ha sido asegurado en un barril a otro tapón que está a punto de caerse de un barril?».
Como la compañía respondió con prontitud a este fácil acertijo, la dama continuó diciendo que un día, mientras estaba sentada cosiendo en su aposento privado, entró su hijo.
«Al recibir —dice ella— el mandato paternal: "¡Marchate, hijo mío, y no me molestes!", él replicó: "Soy, en verdad, tu hijo; mas tú no eres mi madre, y hasta que no me hayas demostrado cómo puede ser esto, no me iré"».
Esto desconcertó bastante a la compañía, pero no es probable que le cause mucha dificultad al lector.