Una jovencita —de quien nuestra bella historiadora anota con encantadora inconsecuencia: "Esta señorita Charity Lockyer se ha casado desde entonces con un vicario de Taunton Vale"— colocó tres tazas de té vacías sobre una mesa y retó a cualquiera a poner diez terrones de azúcar en ellas de modo que hubiera un número impar de terrones en cada taza.
"Un joven, que ha estado en la Universidad de Oxford y estudia derecho, declaró con cierta vehemencia que, sin duda alguna, no había ninguna forma posible de hacerlo, y se ofreció a dar prueba de ello a la compañía".
Debió de ser interesante ver su cara cuando le enseñaron la respuesta correcta de la señorita Charity.