Otro deporte favorito en el castillo era el juego de sortija. Se fijaba una barra horizontal en un poste, y en el extremo de un soporte colgante se colocaba un anillo circular, tal como se muestra en el título ilustrado de arriba. Subiendo o bajando la barra, la sortija podía ajustarse a la altura adecuada, por lo general a la altura de la ceja izquierda del jinete.
El objetivo era cabalgar velozmente unos ochenta pasos y atravesar con la lanza la sortija, que se desprendía con facilidad y quedaba en la lanza como trofeo del hábil ganador. Era una hazaña muy difícil, y no era de extrañar que los hombres se sintieran orgullosos de las sortijas que habían logrado capturar.
En un torneo celebrado en el castillo, Henry de Gournay venció a Stephen Malet por seis anillas. Cada uno mandó hacer una cadena con sus anillas: la de De Gournay medía exactamente dieciséis pulgadas de largo, y la de Malet, seis pulgadas. Ahora bien, como las anillas eran todas del mismo tamaño y estaban hechas de metal de media pulgada de espesor, el pequeño acertijo propuesto por sir Hugh consistía en averiguar exactamente cuántas anillas había ganado cada hombre.