Todos los que han oído hablar del castillo de Solvamhall, y de las pintorescas costumbres y ceremonias que allí se practicaban en la antigüedad, conocen bien el hecho de que Sir Hugh de Fortibus era un apasionado de toda clase de acertijos y enigmas.
El propio Sir Robert de Riddlesdale declaró en una ocasión: «Por los huesos de san Jingo, este Sir Hugh posee un agudo ingenio. Cierto es que no conozco acertijo alguno que él no sea capaz de descifrar».
Constituye, por lo tanto, un motivo de especial satisfacción que el reciente descubrimiento de algunos rollos y documentos antiguos, relacionados principalmente con la familia de los De Fortibus, me permita presentar ante mis lectores unos cuantos de los rompecabezas que devanaban los sesos de la gente en los buenos viejos tiempos. La selección se ha hecho para todos los gustos y, si bien la mayoría resultará lo suficientemente fácil como para interesar a quienes disfrutan de un acertijo que sí es un acertijo, pero que está al alcance de todos, dos de los que he incluido quizás resulten dignos de captar la atención del estudioso más avanzado en estas lides.