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nydus/The Canterbury Puzzles, and Other Curious ProblemsPublic
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19.— El enigma de la priora.

La priora, que respondía al nombre de Eglantine, es sobre todo recordada debido al comentario de Chaucer: «Y francés hablaba con gran soltura y propiedad, a la usanza de la escuela de Stratford-atté-Bow, pues el francés de París le era desconocido».

Pero nuestro enigma tiene menos que ver con su carácter y educación que con su vestimenta. «Y pendía de él un broche de oro muy brillante, en el cual estaba grabada primero una A coronada».

Es con el broche con lo que tenemos que ver, pues cuando le pidieron que propusiera un acertijo, mostró esta joya a la compañía y dijo:

«Un hombre sabio de Normandía me dio una vez este broche como amuleto, diciendo cosas extrañas y místicas acerca de él, cómo tiene una afinidad con el cuadrado, y otras palabras tan prudentes que resultaban demasiado sutiles para mí. Pero el buen abad de Chertsey me dijo una vez que la cruz puede cortarse tan mañosamente en cuatro piezas que estas se unirán para formar un cuadrado perfecto; aunque, a fe mía, no sé cómo se hace».

Consta que «los peregrinos no hallaron respuesta al acertijo, y el Clerizón de Oxford pensó que la Priora había sido engañada en el asunto del mismo; por lo cual la dama se vio harto vexada, aunque el gentil caballero se mofó y burló del pobre clérigo a causa de su falta de comprensión acerca de otros de los acertijos, lo cual le colmó de vergüenza e hizo holgar a la compañía».

Una cruz patada que presenta una letra «A» estilizada coronada por una pequeña corona real en su centro.
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